domingo, 25 de junio de 2017

ANIVERSARIO DEL DESEMBARCO BRITÁNICO EN QUILMES

En la mañana del 25 de Junio de 1806, frente a Buenos Aires, siendo las 11 de la mañana los ingleses, después de recorrer la costa en busca del mejor lugar, empiezan el desembarco en Quilmes. Son veinte botes que van y vienen con soldados uniformados de rojo, cañones, caballos, arreos, pólvora, que depositan trabajosamente en la playa bajo una llovizna fría; un bañado los separa de la barranca. Desde allí un sargento de artillería española con cinco hombres y una de las piezas encargadas de las señales dispara el cañonazo de alarma, conforme a lo convenido, y permanece firme. Tal vez los ingleses creen que hay más tropas ocultas en los espinillos, pues se quedan en la playa, calados y ateridos. Hasta el anochecer dura el desembarco de los 1.635 hombres, con sus implementos.
Arze llega a mediodía a Quilmes con 400 milicianos elegidos entre los más dispuestos y mejor montados, a los que ha agregado cien blandengues, dos cañoncitos de a 4 y un obús de a 6. Toma posición en las barrancas junto al sargento del cañón y no hace nada, nada, en toda la tarde. Mirar, nada más. Los milicianos y blandengues desean cargarse al grupo de ateridos ingleses, que se va engrosando cada vez más, pero el subinspector sólo quiere obrar sobre seguro. Manda pedir refuerzos; y mientras vienen, seguirá esperando.
Llega la noticia del desembarco a Buenos Aires. Sobremonte manda tocar generala a las dos y media de la tarde, y la multitud vuelve a congregarse en la plaza; los milicianos reclaman armas, pero el virrey no se atreve a armar a las milicias, dirá más tarde el cabildo en su informe. Se limita a distribuirlas, desarmadas, en compañías al mando de algunos oficiales veteranos. Sólo más tarde les dará una carabina con cuatro tiros a los de caballería.
"Se tocó la alarma general" dirá Belgrano en su Autobiografía "y conducido del honor volé a la Fortaleza, punto de reunión: allí no había orden ni concierto en cosa alguna como debía suceder en grupos de hombres ignorantes de toda disciplina y sin subordinación alguna. Allí se formaron las compañías y yo fui agregado a una de ellas, avergonzado de ignorar hasta los rudimentos más triviales de la milicia".
Sobremonte ordena que la caballería vaya al puente de Gálvez (hoy puente Pueyrredón) donde atraviesa el Riachuelo el camino del sur: son 129 hombres de a caballo, la mitad mal armados. El resto de las milicias debe concentrarse en sus cuarteles, a la espera de armas y órdenes. El virrey revista los 129 del puente, a quienes agrega un tren volante de artillería; luego vuelve a la Fortaleza a disponer se saquen los caudales para el interior, conforme a lo previsto, con una escolta de cien blandengues. Como ha cumplido su deber, se va otra vez a dormir.
Fuente: www. lagazeta.com.ar

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sábado, 24 de junio de 2017

EL PATRIOTISMO DE UN SOLDADO

Encontrabanse el que después fuera General, y entonces Mayor Ignacio Garmendia, en la memorable tarde del asalto de Curupaity, en las cercanías del campamento argentino, cuando vió pasar a Sarmiento, el hijo del gran luchador, conducido, herido, por cuatro soldados, y seguidamente a Francisco Paz, vástago del vicepresidente de la República Coronel Marcos Paz, que tuvo que sobreponerse al luto de su hogar para hacer frente al duelo público.
Tras éstos y otros caidos ilústres, vio pasar a un amigo Martín Viñales, destilando sangre por una hemorragia inextinguible, que se escapaba de tres heridas mortales.
Estuperfacto, dolorosamente sorpendido, Garmendia, sin saber lo que hacía ni lo que se hablaba, se acercó a la camilla en que agonizaba su amigo, y le preguntó, casi inconsciente:
- ¿Estas herido?
- No es nada – contestó el moribundo con encortada voz, pero sereno, - no es nada, un brazo menos. La patria merecía mucho mas; y sus ojos, entristecidos, se fijaron piadosamente sobre el inanimado cuerpo del intrépido Alejandro Diaz, retirado yerto del campo de batalla por alguno de sus fieles camaradas.
Fuente: Compilación de Anécdotas Militares, Subteniente Juan Carlos Cordoni, Bs. As. 1936.

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viernes, 23 de junio de 2017

ANIVERSARIO DE LA TOMA DE LA CIUDAD DE MONTEVIDEO

El día 23 de junio de 1814 se produce la toma de la ciudad de Montevideo por el General Carlos María de Alvear. Además de obtener un muy importante arsenal en tierra firma, captura 99 buques mercantes y de guerra y 8 banderas, entre ellas las de los regimientos de infantería Lorca, América, Provincia, Albuera y Madrid, además de miles de prisioneros. Con la ocupación de la ciudad cayó el último baluarte español en el Río de la Plata.
El Ejército Argentino a órdenes del general Rondeau sitió Montevideo desde octubre de 1812, pero dos años más tarde seguía resistiendo el asedio por el continuo flujo de aprovisionamientos que recibían por el puerto.
La estrategia naval fue cortar con es suministro. Entonces, el almirante Brown zarpó con de nueve naves armadas con 147 cañones decidido a enfrentar a los españoles, que zarparon de Montevideo el 14 de mayo a bordo de 11 buques con 155 cañones, para hacer frente a las naves argentinas. 
El plan de Brown fue simular que se retiraba mar afuera para que los realistas fueran en su persecución, luego cambiar de rumbo para interponerse entre la fuerza española y Montevideo y por último presentar batalla.
Las acciones se sucedieron entre los días 15 y 17. Este último día, la fragata "Hércules", buque insignia del almirante, penetró en aguas de Montevideo persiguiendo a los buques enemigos. Dos de ellos buscaron refugio al amparo de la Fortaleza del Cerro y otras tres naves se ubicaron bajo los muros de la ciudad.
La fuerza naval española abandonó la lucha y Brown impuso desde entonces un cerrado bloqueo a aquel puerto que derivó en la rendición de la plaza de Montevideo, el 23 de junio de 1814, a manos del Ejército Argentino a órdenes del general Carlos María de Alvear.
Buenos Aires conoció la buena nueva por intermedio del teniente Lázaro Roncayo, oficial de la sumaca "Itatí" que Brown comisionó para enviar el parte. 
El pueblo manifestó su profundo júbilo llevando al marino de la escuadra vencedora en andas hasta el fuerte.
Tras la victoria de Montevideo y una vez consolidada la independencia en 1816, la Armada Argentina comenzó a desarrollar su misión.

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jueves, 22 de junio de 2017

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL RUDECINDO ALVARADO

Nacido en Salta, recibió su bautismo de fuego en el combate de Huaqui. Como guerrero de la independencia, participó de combates y batallas durante toda su extensión. Alcanzó los grados de Mariscal de Campo de Chile, Gran Mariscal del Perú y Brigadier General argentino. En la Batalla de Maipú rindió al Regimiento Real Burgos, de muy exitosa actuación en la Guerra de la Península. Fue gobernador de la fortaleza del Callao durante la revuelta de los prisioneros realistas y hecho prisionero y liberado después de la victoria decisiva de Ayacucho. En 1831, fue gobernador de Salta.Nacido en Salta el 1 de marzo de 1792. Hijo de un comerciante español, Don Francisco de Alvarado y Doña Luisa Pastora Toledo y Pimentel de Alba, se educó en su ciudad natal. Estudió derecho en la Universidad de Córdoba, debió abandonar demasiado pronto por la muerte de su padre que lo puso al frente del hogar debiendo convertirse en comerciante en defensa de la integridad familiar pero a la muerte de su padre se dedicó al comercio. Con ese motivo viajaba continuamente a Buenos Aires procurando afianzar el comercio heredado, razón por la que se encontró allí en la semana de mayo de 1810.Estaba en Buenos Aires cuando se produjo la Revolución de Mayo. Se unió al Ejército del Norte, pero no hizo la primera campaña al Alto Perú.En 1812 participó en la batalla de Tucumán y, al año siguiente, en la de Salta, en ambas ocasiones a las órdenes del general Manuel Belgrano. Formó parte de la escolta de Juan Martín de Pueyrredón. Con José Rondeau se batió en Sipe Sipe. En agosto de 1816, junto a San Martín atravesó los Andes.En 1818 se distinguió en Chacabuco; mandando el ala izquierda del Ejército que aseguró la independencia chilena, obligó al famoso regimiento de Burgos a rendirse por vez primera en Maipú. Su sereno coraje ante el desastre de Cancha Rayada salvó a gran parte del ejército. Creó la campaña al sur de Chile, para luego retornar a Mendoza para descansar sus tropas y obtener nuevos reclutas. Intrépidamente recruzó los Andes hacia Chile. Organizo un ejército para la futura empresa de San Martín en el Perú, en prevención de que sus tropas se contagiaran de los motines de Cuyo.En 1820 pasó a ser comandante del famoso regimiento de granaderos a caballo. En el Perú operó junto a Tomás Guido representando a San Martín en las reuniones previas a las negociaciones de Punchauca.Fue jefe del Estado Mayor de San Martín cuando Lima fue ocupada. Permaneció al frente del ejército unido tras la renuncia y partida de San Martín del Perú.En octubre de 1822 emprendió la previamente planeada expedición de los puertos intermedios peruanos, con desastrosos resultados; sin embargo, tanto el gobierno peruano como Bolívar, lo excusaron. Nombrado gobernador del Callao, hubo de hacer frente a una rebelión de la guarnición, que lo retuvo prisionero hasta después de la batalla de Ayacucho (1824).Fue remitido a los españoles, se fugó, junto con otros prisioneros patriotas, al conocer las noticias sobre la victoria de Sucre en Ayacucho, para levantar a los bolivianos contra los realistas que quedaban. A su retorno a Lima, ya ganada la independencia, Alvarado recibió de Bolívar los más altos honores, incluyendo el grado de gran mariscal del Perú. Vuelto a la Argentina, Alvarado obtuvo distinciones y cargos, pero pronto comenzó su oposición a Rosas y a los caudillos locales.En 1831 Quiroga lo obligó a exiliarse mientras era gobernador de Salta. En 1848 regresó, a su provincia natal con permiso especial de Rosas. Después de Caseros reanudó su vida pública. En 1854 fue nombrado ministro de la Guerra en el gobierno de Justo José de Urquiza (1853-1860), conforme a la nueva Constitución de 1853.Renunció para reasumir la gobernación de su provincia. Hasta sus últimos días. Murió en Salta el 22 de junio de 1872.

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miércoles, 21 de junio de 2017

ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE HUAQUI

Luego del triunfo de Suipacha, del 7 de noviembre de 1810, las fuerzas de Buenos Aires habían cumplido el objetivo estratégico de ocupar ciertamente el Alto Perú. Pero, el interrogante que se planteaba ahora era saber qué hacer con este triunfo. Castelli, a diferencia de Moreno, no creía que la Patria terminara en el Desaguadero. José María Rosa nos transmite las angustiosas palabras de Castelli al respecto:
“…que la gloria emprendedora de la capital se sentará en el virreinato de Lima para confundir el orgullo de sus habitantes… estimo muy importante y necesario que nuestras armas se adelanten al Desaguadero… no conviene dejar enfriar el calor de nuestra gente… Estamos muy cerca, y nada falta para realizarlo sino la resolución de V. E. …”.
Pero Castelli debe atenerse a las “Instrucciones” ordenadas desde Buenos Aires. El “terror” cobra las vidas de Córdova, Nieto y Paula Sanz. Asimismo, el ejército es muy bien recibido en Potosí, Charcas y en La Paz. Finalmente se dirige a Laja, junto al Desaguadero. Ahí debe contentarse con observar pasivamente cómo Goyeneche prepara las fuerzas peruanas. El grave error estratégico estaba sellado… Sin embargo hemos de destacar que otro error cometido por la Junta porteña es haber nombrado jefe militar operativo al Dr. Juan José Castelli. Dice Bassi:
“Los patriotas continuaron en el campamento de Huaqui, como en el de la Laja, descuidando la instrucción y disciplina de las tropas y llevando una vida irregular bajo el amparo de Castelli. En medio de este desorden, agentes del enemigo entraban con facilidad en el campamento, llevando al comando español toda clase de informaciones respecto a lo que hacían y proyectaban los patriotas”.
Según parece Castelli pasó por alto groseramente los comentarios de Santo Tomás de Aquino, quien en su “Summa Teológica”, Parte II, Sección II, cuestión, advertía sobre la ocultación de los planes de guerra.
Más aún, entre los patriotas se habían formado dos bandos: uno de ellos respondía a Castelli y Balcarce y el otro a Viamonte, quien a su vez contaba con el apoyo del gobierno.
El 16 de Mayo de 1811, se había firmado el “armisticio del Desaguadero”, un notorio fiasco pues sólo consiguió darle el tiempo suficiente a Goyeneche para preparar la contraofensiva. Sumados los siguientes elementos nada desdeñables: el ejército patriota indisciplinado y con el comando dividido en facciones. El ejército realista, en cambio, contaba con unidad de comando y era férreamente disciplinado, faena a la que se había dedicado con ahínco Goyeneche en esos meses de aparente inactividad. El germen de la derrota ya estaba sembrado según Bassi.
La mañana del día 19, los revolucionarios habían localizado sus fuerzas en Huaqui, Caza y Machaca y echado un puente sobre el río Desaguadero haciendo pasar una columna de 1.200 hombres con la excusa de evitar que continuasen las acciones de saqueo llevadas adelante por fuerzas realistas que cruzaban el río Desaguadero en busca de víveres, debido a que el paso no se hallaba guarnecido. Sin embargo, con este plan pretendían distraer las fuerzas de Goyeneche por el frente y flanco derecho mientras rodeaban a los realistas por la espalda mediante la comunicación establecida con este nuevo puente.
En esta situación de violación del armisticio por los patriotas y franco peligro para todas sus tropas al verse rodeado por todos los flancos, el general Goyeneche determinó el ataque directo con todo su ejército. A las 3 de la mañana del 20 de junio ordenó a los coroneles Juan Ramírez (con los batallones de los beneméritos), Pablo Astete, tenientes coroneles Luis Astete y Mariano Lechuga (con 350 efectivos de caballería y cuatro cañones) que atacaran Caza, que es una quebrada sobre el camino de Machaca con comunicación a Huaqui, mientras él se dirigía a la toma de Huaqui con los coroneles Francisco Picoaga y Fermín Piérola al mando de 300 efectivos de caballería, 40 miembros de su guardia y 6 piezas de artillería.
Al amanecer las alturas de los cerros que las tropas españolas debían conquistar estaban tomadas por gran número de independentistas, caballería y fusileros que hacían fuego sobre los españoles con acompañamiento de granadas y hondas. Sin embargo el ejército realista les puso en fuga en pocas horas.
Cuando las tropas independentistas tuvieron noticia de la aproximación de Goyeneche a Huaqui, salieron de dicha población Castelli, Balcarce y Montes de Oca al mando de 15 piezas de artillería y 2.000 hombres tomando una posición sobre el camino a Huaqui casi inexpugnable entre la laguna y los montes superiores.
Goyeneche ordenó el avance introduciéndose bajo fuego enemigo sin contestar con un fusilazo mientras el batallón del coronel Picoaga rompía el fuego, contestado por los independentistas con enorme energía. Como las tropas independentistas, al reconocer al general Goyeneche, dirigían su fuego contra él, ordenó a uno de sus edecanes que transmitiera la orden de atacar al flanco derecho de su ejército, mantuvo cubierto el camino con el batallón de Piérola y destacó tres compañías para que avanzasen dispersas por el frente mientras él, con el resto de tropa en columna atacaba por la izquierda.
La caballería argentina trató de detener el empuje pero fue arrollada y huyó, junto a todo el ejército rebelde, hacia Huaqui. Goyeneche dio orden de perseguirlos y consiguió tomar el pueblo. El coronel Ramírez comunicó poco después la victoria en Caza.
La batalla terminó en la desbandada de las tropas argentinas, con el saldo para éstas de más de mil hombres perdidos y abandono de numeroso parque y de artillería. En precipitada retirada, se refugiaron en Potosí y luego en la ciudad de Jujuy. Dice Sierra respecto a la huida:
“El desbande del ejército patriota se efectuó en el mayor desorden en todas direcciones y cometiendo toda clase de depredaciones. Castelli, Balcarce y Monteagudo pasaron la noche del veinte en Laja, de donde siguieron a Sicasica, a donde no pudieron entrar por estar alzada. Refiere Bolaños que cuando llegó a ese pueblo, a las doce de la noche, encontró en la plaza a unos quinientos hombres de tropa, que embriagados descerrajaban las puertas e insultando de todos modos al vecindario. (…). El ejército patriota se desbandó completamente. Los soldados oriundos de Salta, Santiago del Estero, Tucumán y Córdoba abandonaron las columnas llevados por el pánico de la persecución, viéndose alejados de sus lugares nativos en provincias que les eran extrañas (…). Hecho triste la retirada. En su huida los soldados cometieron robos, asesinatos, incendios, siendo atacados por los naturales”.
Días después, Castelli achacaría el desastre a la infantería de La Paz, que se desarticuló casi de inmediato, dejando a Viamonte desguarnecido, entre otras excusas. Goyeneche iría por los caudales de Potosí, pero la rápida acción de Juan Martín de Pueyrredón los salvo, remitiéndolos a Salta.
Las bajas patriotas fueron más de mil hombres perdidos y abandono de numeroso parque y de artillería
Según Goyeneche: Después de tres horas de combate -casi al anochecer- los revolucionarios se dispersaron aprovechando las escabrosidades del terreno. Una fuente realista afirma que los altoperuanos en su retirada dejaron “seiscientos muertos en el campo, haciéndoles Goyeneche setenta prisioneros y cogiéndole ocho cañones (…) y una bandera”.
Por su parte, los realistas tuvieron quince muertos, siete prisioneros y un oficial contuso según lo que afirma Goyeneche. A nuestro juicio, parece que las cifras asignadas a revolucionarios y realistas, son exageradas -las primeras en más y las segundas menos- ya que, más de tres horas de combate donde se llegó al arma blanca no pueden dar una diferencia de bajas tan dispar, nada menos que quince contra seiscientos, vale decir una proporción de uno a cuarenta.
Algunas consideraciones
¿Por qué la magnitud de esta derrota? A priori, volvemos sobre lo citado más arriba, vale decir, la carencia de una unidad de comando efectiva que mantuviera organizado al ejército al unísono cual orquesta sinfónica. ¿Disidencias entre los mandos intermedios? ¿Tropas multitudinarias pero indisciplinadas? ¿Inactividad de Viamonte? ¿La ausencia del comandante en jefe en el campo de batalla? Para el académico de la Historia César García Belsunce fue principalmente la indisciplina de la soldadesca: “a tal punto que el ejército se evaporó después de la batalla”
Análisis político de la batalla
El historiador de larga duración, como diría la Escuela de los Annales, puede ver claramente la magnitud del desastre y el daño político causado ante el colapso de esta primera expedición al Alto Perú. La pérdida definitiva de estas antiguas provincias del Virreinato del Río de la Plata era casi inevitable. Bassi es más atrevido aún y manifiesta tranquilamente que la posterior privación de la Banda Oriental está vinculada con Huaqui en el norte. La revolución quedaba con un frente de batalla en situación inerme, pues los realistas bien podrían haber descendido hacia Salta y Tucumán y de ahí a Córdoba y quizás hasta Buenos Aires. Dada la exigüidad de los efectivos de la Revolución y ante la necesidad de disponer de fuerzas que fueran la base de la resistencia en orden de salvarla, Buenos Aires dispone el retiro del ejército sitiador de Montevideo. El frente político interno se desplomó y la Junta debió por sí misma cambiar de forma de gobierno en la forma de un triunvirato. Nacía el Primer Triunvirato, más, la Junta se mantiene como órgano moderador bajo el nombre de “Junta conservadora”. El camino del norte quedaba bloqueado definitivamente para las fuerzas revolucionarias. Sucesivas campañas militares tendrían éxitos engañosos que terminarían inexorablemente en derrotas, como verbigracia, Vilcapugio, Ayohuma o Sipe Sipe. Sólo la mente brillante estratégica del Libertador San Martín comprendería que el camino emancipador conducía hacia otro lado. Moralmente, la Revolución se hallaba en un momento de hondo dramatismo. El norte perdido, la expedición al Paraguay fracasada y las operaciones contra Montevideo suspendidas. Sumado a estos factores estructurales, debemos mencionar las conductas deplorables desde el comandante en jefe, Castelli y de sus subalternos hasta la tropa. Este y Balcarce casi son asesinados después de Huaqui en Oruro, calificados de impíos y herejes. Económicamente la campaña fue también un cataclismo, pues amén de los pertrechos perdidos (no pocos por cierto), debemos añadir los considerables tesoros que cayeron en manos de los “godos”, salvo algunos pocos rescatados por Pueyrredón.
Análisis militar
A diferencia del ejército español, se advertía una dualidad de comando, pues no era Balcarce quien se hallaba en la cúspide de mando, sino Castelli, quien no se desprende del mando militar en ningún momento, pese a que “no dio orden alguna durante la batalla”, hecho lo cual es inadmisible. Sin embargo, de facto, tuvo Balcarce que impartir las órdenes más acuciantes para el movimiento de tropa. Reparamos, ergo, en una especie de colegialidad impensable y aberrante en la cadena de mando que debe existir en la lógica militar, “(…) el ejército patriota no fue dirigido con unidad de concepción; los comandos de división procedieron sin concierto entre si y sin que la acción del único jefe militar se dejara sentir debida y oportunamente”. Fue inaceptable que tanto Castelli como Balcarce no tomaran medida disciplinaria alguna en referencia a la vida licenciosa del ejército. Una vez más subrayamos esto, pues sólo las divisiones de Viamonte y Díaz Vélez podrían ser consideradas aptas para combatir. El resto era una masa informe y tosca apenas armada con chuzas o lanzas. Aunque parezca casi absurdo, en el plan patriota, el objetivo principal no era el ejército enemigo, sino las alturas de Vila-Vila, un mero objetivo táctico geográfico que solamente reportaba una posición más ventajosa y que en razón del armisticio fue dejada en manos de los españoles por la ineptitud de Castelli. Dado el tiempo otorgado a Goyeneche, ¿Se estaba en condiciones de conquistar el Perú con apenas 2500 hombres frente a un enemigo más numeroso, adiestrado, disciplinado, ordenado? Ocupar Vila-Vila sería un objetivo táctico, que vislumbraría corregir el error cometido. Expulsando al enemigo de Vila-Vila, se evitaría que éste atacara por sorpresa a Huaqui. El plan de Castelli, sólo se hubiera coronado con éxito con un factor: la sorpresa. Pero ésta fue esquiva, al ocupar el enemigo las alturas de mentas. Ni bien se movieron las divisiones Viamonte y Díaz Vélez los realistas las advirtieron. También el “dispositivo de avance” fue improcedente, pues el ejército revolucionario se encontraba fragmentado, lo que permitió a los realistas “batirlos por partes”, además de no ocupar la quebrada que intercomunicaría a las columnas patriotas, causando ello la división irremisible de éstas. En lo concerniente a la “exploración”, podemos decir que fue ineficaz en ambos bandos. Ninguno de los ejércitos enviaron partidas de reconocimientos que son imprescindibles para proyectar cualquier ataque. Del lado godo, pese al éxito rotundo logrado, se comete el grave error de no buscar la persecución a fondo y aniquilamiento del adversario.
Para finalizar dejaremos a Bassi cerrar este breve escrito:
“El resultado de la batalla de Huaqui, no es sino la consecuencia a que siempre ha de estar expuesto un ejército poco disciplinado, mal instruido y sin una dirección única, capaz y decidida”.
Los historiadores civiles posteriores han coincidido plenamente con estas apreciaciones vertidas.
Fuentes:  Vai, Jorge; Maratea, Vladimiro y Turone, Oscar A. – Primera expedición libertadora al Alto Perú – Escuela Superior de Guerra – Buenos Aires (2010).

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martes, 20 de junio de 2017

ANIVERSARIO DE LA MUERTE DEL GENERAL MANUEL BELGRANO

En el libro parroquial de bautismos de la Iglesia Catedral de Buenos Aires, iniciado en el año de 1769 y concluido en el de 1775, se lee al final de la página 43: “En 4 de junio de 1770, el señor doctor don Juan Baltasar Maciel canónigo magistral de esa santa iglesia Catedral, provisor y vicario general de este obispado, y abogado de las reales audiencias del Perú y Chile, bautizó, puso óleo y crisma a Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús, que nació ayer 3 del corriente: es hijo legítimo de don Domingo Belgrano Pérez y de doña Josefa González: fue padrino D. Julián Gregorio de Espinosa”. 
Nació nuestro héroe, cuarenta años antes de la gran revolución que lo inmortalizó y a la que sirviera con abnegación ejemplar. 
Manuel Belgrano fue el cuarto hijo de un matrimonio que tuvo ocho varones y tres mujeres. El padre, Domingo Belgrano y Peri, había llegado al Plata en 1751. Era genovés. En Buenos Aires prosperó; obtuvo la naturalización; integró el núcleo de comerciantes importantes; se casó en 1757 con doña María Josefa González Casero -de antiguo arraigo en la ciudad-, y dio a su numerosa familia, educación esmerada y vida cómoda. Los hijos correspondieron a la solicitud de los padres: sirvieron al Estado en la milicia, en la administración o el sacerdocio, con dedicación y brillo. 
Quebrantos financieros en los últimos años de su vida -murió en 1795- motivados por un proceso en el cual se vio implicado sin razón, le crearon situaciones difíciles. Los hijos se hicieron cargo de las obligaciones pendientes, al abrirse la sucesión. Y la gloria de su cuarto vástago arrancó para siempre del anónimo a este esforzado comerciante ligur que tuvo confianza en la generosa tierra del Plata. 
Sus comienzos
Belgrano cursó las primeras letras en Buenos Aires. En el Colegio San Carlos, bajo la dirección del Dr. Luís Chorroarín, estudió latín y filosofía, acordándosele el diploma de licenciado en esta última disciplina el 8 de junio de 1787, cuando ya se encontraba en España adonde lo había enviado su padre para instruirse en el comercio. 
Sin embargo, fue en la Universidad de Salamanca, donde se matriculó, graduándose de abogado en Valladolid en 1793. Poco ha contado Belgrano de su paso por las aulas peninsulares. Más le interesaron las nuevas ideas económicas, las noticias de Francia y su revolución – filtradas a pesar de la rigurosa censura -, las discusiones de los cenáculos madrileños donde se hablaba de los fisiócratas – mágica palabra – y hacían adeptos Campomanes, Jovellanos, Alcalá GaIiano. 
Conoció la vida de la Corte, viajó por la Península, leyó a sus autores predilectos en francés, italiano e inglés; cultivó, en fin, su espíritu. 
Cercana la hora del regreso recibió a fines de 1793 una comunicación oficial en la que se le anunciaba haber sido nombrado Secretario perpetuo del Consulado que se iba a crear en Buenos Aires. En febrero de 1794 se embarcó para el Plata. Iniciaba, así, a los veinticuatro años de edad, su actuación pública. Hasta su hora postrera, estaría consagrado a servir a sus compatriotas. 
Apoyó la creación de establecimientos de enseñanza, como las Escuelas de Dibujo y de Náutica. Redactó sus reglamentos, pronunció discursos, alentó las vocaciones nacientes y trató de dar solidez a estas escuelas, prontamente anuladas por la incomprensión peninsular. 
Halló todavía tiempo para traducir un libro de Economía Política, redactar un opúsculo sobre el tema, contribuir a la fundación del “Telégrafo Mercantil”,. e interesar a un grupo de jóvenes que como él deseaba lo mejor para su patria, en los principios fundamentales de la economía política. No descuidó, sin embargo, su tarea específica de secretario del Consulado, donde, detallada y cuidadosamente, redactaba las actas. Durante una década – agitada ya por fermentos e inquietudes — se preparó para manejar a los hombres y encauzar los acontecimientos. El primer cañonazo del invasor inglés – que precipitó los hechos- alejará a Belgrano de su bufete, para lanzarlo a la acción.
Actitud durante las Invasiones Inglesas
El 27 de junio de 1806 fue un día de luto para Buenos Aires. Bajo un copioso aguacero desfilaron hacia el Fuerte los 1.500 hombres de Beresford, que abatieron la enseña real, mientras el virrey Sobremonte marchaba, apresurado, hacia Córdoba. 
Belgrano – capitán honorario de milicias urbanas – había estado en el Fuerte para incorporarse a alguna de las compañías que se organizaron y que nada hicieron, luego, para oponerse al invasor. “Confieso que me indigné; me era muy doloroso ver a mi patria bajo otra dominación y sobre todo en tal estado de degradación que hubiera sido subyugada por una empresa aventurera, cual era la del bravo y honrado Beresford, cuyo valor admiro y admiraré siempre en esta peligrosa empresa”. 
Días más tarde los miembros del Consulado prestaron juramento de reconocimiento a la dominación británica. Belgrano se negó a hacerlo, y como fugado, pasó a la Banda Oriental, de donde regresó, ya reconquistada la ciudad, aunque habían sido sus propósitos participar en la lucha popular. 
Belgrano militar
Al organizarse las tropas para una nueva contingencia, Belgrano fue elegido sargento mayor del Regimiento de Patricios. Celoso del cargo, estudió rudimentos de milicia y manejo de armas, y asiduamente cumplió con sus deberes de instructor. Cuando quedó relevado de estas funciones fue adscripto a la plana mayor del coronel César Balbiani, cuartel maestre general y segundo jefe de Buenos Aires. Como ayudante de éste, actuó Belgrano en la defensa de Buenos .Aires. 
A comienzos de 1815, Manuel Belgrano abandona completamente sus funciones militares y es enviado a Europa, junto a Rivadavia y Sarratea, en funciones diplomáticas. Conoce allí al célebre naturalista Amado Bonpland, y lo convence de venir a América, a estudiar la naturaleza y el paisaje de estas regiones. 
También se destacará como diplomático, desarrollando una importante labor propagandística, cuya finalidad es que la revolución sea reconocida en el Viejo Continente. 
Propuesta monárquica
Regresa al país en julio de 1816 y viaja a Tucumán para participar de los sucesos independentistas, donde tiene un alto protagonismo. Tres días antes de la declaración de la Independencia (9 de julio de 1816), declama ante los congresistas e insta a declarar cuanto antes la independencia. Propone una idea que contaba con el apoyo de San Martín: la consagración de una monarquía: “Ya nuestros padres del congreso han resuelto revivir y reivindicar la sangre de nuestros Incas para que nos gobierne. Yo, yo mismo he oído a los padres de nuestra patria reunidos, hablar y resolver rebosando de alegría, que pondrían de nuestro rey a los hijos de nuestros Incas.” No obstante, la propuesta monárquica de Belgrano no prospera, dado que habían corrido rumores de que incluía la cesión de la corona a la casa de Portugal. 
Más tarde, Belgrano seguirá desarrollando una ardua actividad político-diplomática: por ejemplo, será el encargado de firmar el Pacto de San Lorenzo con Estanislao López que, en 1919, pondrá fin a las disputas entre Buenos Aires y el litoral. Además, volverá a encabezar el Ejército del Norte, en el cual, gracias a la fama que gozaba entonces como jefe y patriota, será vivamente admirado por la tropa.
Sus últimos días
Aquejado por una grave enfermedad que lo minó durante más de cuatro años, y todavía en su plenitud, el prócer murió en Buenos Aires el 20 de junio de 1820, empobrecido y lejos de su familia. Si bien no se casó, de sus amores con una joven tucumana nació su hija, Manuela Mónica, que fuera enviada por su pedido a Buenos Aires, para instruirse y establecerse. También tuvo un hijo con María Josefa Ezcurra. Juan Manuel de Rosas y Encarnación Ezcurra, hermana de María Josefa, adoptan al pequeño, que pasa a llamarse Pedro Rosas y Belgrano. 
Sólo un diario, “El Despertador Teofilantrópico” se ocupó de la muerte de Belgrano, para los demás no fue noticia. 
Culminaba así una vida dedicada a la libertad de la Patria y a su crecimiento cultural y económico. En este sentido, se destaca de Belgrano que fue el promotor de la enseñanza obligatoria que el virrey Cisneros decretó en 1810. Se destaca también su labor como periodista (después de su actuación en el Telégrafo Mercantil), creó el Correo de Comercio, que se publicó entre 1810 y 1811, y en el cual se promovió la mejora de la producción, la industria y el comercio); y como fundador de la Escuela de Matemáticas (en 1810, costeada por el Consulado), y de la Academia de Matemáticas del Tucumán, que en 1812 instauró para la educación de los cadetes del ejército.
La Bandera Nacional
Belgrano es el creador de la bandera “azul y blanca” y no la “celeste y blanca” que impusieron Sarmiento y Mitre. La bandera, creada en Rosario el 27 de febrero de 1812 por Belgrano inspirada en la escarapela azul-celeste del Triunvirato, debido al color de la heráldica, que no es azul-turquí ni celeste sino el que conocemos como azul. Nada tuvo que ver el color del cielo con que nos quisieron convencer. El Congreso sancionó la ley de banderas el 25 de enero de 1818 estableciendo que la insignia nacional estaría formada por “los dos colores blanco y azul en el modo y la forma hasta ahora acostumbrados”. 
Tampoco fueron “celeste y blanca” las cintas que distinguieron a los patriotas del 22 de mayo, sino que eran solamente blancas o “argentino” que en la heráldica simboliza “la plata”. Fueron solamente blancas. La cinta azul se agregó como distintivo del Regimiento de Patricios. Pero tampoco era celeste, sino tomados del azul y blanco del escudo de Buenos Aires. 
Azul y blanca fue la bandera que flameó en el fuerte de Buenos Aires, en la Batalla de Ituzaingó durante la guerra con Brasil, y en la guerra del Paraguay. En 1813, José Gervasio de Artigas le agregaría una franja colorada (punzó) cruzada para distinguirse de Buenos Aires sin desplazar la “azul y blanca”. La bandera cruzada fue usada en Entre Ríos y Corrientes. La cinta punzó fue adoptada por los Federales, mientras los Unitarios, para distinguirse, usaron una cinta celeste, y no el azul de la bandera. Cuando Lavalle inició la invasión “libertadora” contra su patria (apoyado y financiado por Francia) también uso la bandera “celeste y blanca” para distinguirla de la nacional. ….. “ni siquiera enarbolaron (los libertadores) el pabellón nacional azul y blanco, sino el estandarte de la rebelión y la anarquía celeste y blanco para que fuese más ominosa su invasión en alianza con el enemigo” (Coronel salteño Miguel Otero en carta Rufino Guido, hermano de Tomas Guido, el 22 de octubre de 1872. Memorias. ed. 1946, pág. 165). 
Juan Manuel de Rosas, para evitar que al desteñirse por el sol, se confundiera con la del enemigo, la oscurece más, llevándola a un azul-turquí. ¿Por qué Rosas eligió el azul turquí? Por varias razones: porque el “azul real” es más noble y resiste por más tiempo, al sol, a la lluvia, etc. Rosas pensó que el color argentino era el azul, porque así lo estableció el decreto de la bandera nacional y de guerra del 25 de febrero 1818, y también porque el celeste siempre fue el color preferido de liberales y masones. Fue la bandera que, sin modificarse la ley flameó en el fuerte, en la campaña al desierto (1833 – 1834) en el Combate de la Vuelta de Obligado y en Batalla de la Angostura del Quebracho (1845 – 1846), y la misma que fue saludada en desagravio por el imperio ingles con 21 cañonazos. 
El 23 de marzo de 1846 Rosas le escribió al encargado de la Guardia del Monte, diciéndole que se le remitiría una bandera para los días de fiesta, agregando que “…Sus colores son blanco y azul oscuro con un sol colorado en el centro y en los extremos el gorro punzo de la libertad. Esta es la bandera Nacional por la ley vigente. El color celeste ha sido arbitrariamente y sin ninguna fuerza de Ley Nacional, introducido por las maldades de los unitarios. Se le ha agregado el letrero de ¡Viva la Federación! ¡Vivan los Federales Mueran los Unitarios!”. La misma bandera se izó en el Fuerte de Bs. As. el 13 de abril de 1836 al celebrarse el segundo aniversario del regreso de Rosas al poder. La misma bandera que Urquiza le regala a Andrés Lamas y que hoy se conserva en el Museo Histórico Nacional de Montevideo. 
Rosas, quiso que las provincias usaran la misma bandera y evitaran el celeste, y con ese propósito mantuvo correspondencia, entre otros, con Felipe Ibarra, gobernador de Santiago del Estero, entre abril y julio de 1836. “Por este motivo debo decir a V. que tampoco hay ley ni disposición alguna que prescriba el color celeste para la bandera nacional como aun se cree en ciertos pueblos.” (José Luis Busaniche) “El color verdadero de ella porque está ordenado y en vigencia hasta la promulgación del código nacional que determinará el que ha de ser permanente es el azul turquí y blanco, muy distinto del celeste.” Y le recordó que las enseñas nacionales que llevó a las pampas y la del Fuerte, tenían los mismos colores, y que las mismas banderas para las tropas fueron bendecidas y juradas en Buenos Aires. 
Rosas usó la azul y blanco y le adicionó cuatro gorros frigios en sus extremos, según Pedro de Angelis, en honor a los cuatro acontecimientos que dieron nacimiento a la Confederación Argentina: el tratado del Pilar del 23 de febrero de 1820 (que adoptó el sistema Federal), el Tratado del Cuadrilátero (de amistad y unión entre Bs. As y las provincias), la Ley Fundamental de 23 de enero de 1825 (que encargó a Bs. As. las relaciones exteriores y la guerra) , y el Pacto Federal del 4 de enero de 1831 (creación de la Confederación, a la que se adherían las provincias). 
Derrocado Juan Manuel de Rosas, Sarmiento adopta el celeste unitario en vez del azul de la bandera nacional. En su “Discurso a la Bandera” al inaugurar el monumento a Belgrano el 24 de septiembre de 1873 señaló a la enseña de la Confederación como un invento de bárbaros, tiranos y traidores, y en su Oración a la Bandera de 1870, denigra la “blanca y negra” del Combate de la Vuelta de Obligado diciendo además que “la bandera blanca y celeste ¡Dios sea loado! no fue atada jamás al carro triunfal de ningún vencedor de la tierra”. 
Mitre se basa en el “celeste” basándose entre otros argumentos en un óleo de San martín hecho en 1828, como si el color adoptado por un artista fuera argumento suficiente. El general Espejo, compañero de San Martín, en 1878 publicaba sus Memorias y recordaba como azul el color original de la bandera de los Andes conservada desteñida en Mendoza. Pero Mitre lo atribuyó a una “disminuida memoria del veterano”. 
En 1908, ante la confusión existente y a pedido de la Comisión del Centenario, se estableció el color azul de la ley 1818 para la confección de banderas. Sin embargo, siguió empleándose el celeste y blanco, en lugar del la gloriosa “azul y blanca” La misma bandera que acompaño a San Martín en su gloriosa gesta y la misma que acompaño los restos del propio Juan Manuel de Rosas en Southampton. 
Fuentes: Antook – Manuel Belgrano (2007). / Corvalán Mendhilarzu, Dardo: “Los Colores de la Bandera Nacional”. Hist. de la Nac. Arg. / Educar / Fernández Díaz, Augusto: “Origen de los Colores Nacionales”. Revista de Historia, Nº 11. / HT (Hijo ‘e Tigre) – La Bandera Nacional Ramirez Juárez, Evaristo: “Las Banderas Cautivas”. / Rosa, José María – Historia Argentina
 
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lunes, 19 de junio de 2017

ANIVERSARIO DE LA CREACIÓN DE LA COMPAÑÍA DE CAZADORES DE MONTAÑA 6

La historia de la Subunidad data de principios de la década del 40 cuando se construyeron en Primeros Pinos unos galpones de madera y chapa para dar albergue a los Cursos de Baqueanos y de Esquí que se dictaban a las tropas asentadas en el territorio del Neuquén.
Primeros Pinos es un paraje ubicado a 50 Km al oeste de la ciudad de Zapala sobre la ruta provincial Nro 13, en la provincia de Neuquén. La cota de su cuartel es de 1615 m y se encuentra a 130 Km del límite internacional con la República de Chile.
Dichas instalaciones fueron siendo mejoradas hasta que en el año 1954 se resuelve construir un refugio militar con capacidad para una compañía.
Desde el punto de vista edilicio, la construcción de sus instalaciones se inicia en el año 1953 bajo supervisión del entonces Comando de Ingenieros, y con cierto apoyo logístico proporcionado por el RIM 21 cuando esta unidad se encontraba en Zapala. Cabe mencionar como anécdota que en 1958, siendo Jefe de ese regimiento el My Héctor M. Benavídes, la jura de la bandera se realizó en Primeros Pinos, cuando el refugio sólo tenía los cimientos.
Trabajaron en la obra sacrificados pioneros que, junto a sus familias, sufrieron el rigor del clima y el aislamiento. La materia prima de lo que hoy constituye esta verdadera fortaleza de piedra y cemento fue extraída del paraje Los Cautos distante 50 Km, realizándose el tallado de la roca en el lugar.
En 1955 se inician las obras que se paralizan en 1957 cuando se había terminado la estructura principal de hormigón, ladrillos y techo.
Una vez finalizada la construcción, ésta quedó bajo control del Regimiento de Infantería de Montaña 10, constituyéndose en Refugio Primeros Pinos con personal encargado de su custodia y mantenimiento.
Las instalaciones se utilizaron para alojamiento del personal de cuadros y tropas que desarrollaban sus períodos de instrucción en la zona, o personal a pie o montado en tránsito hacia otros lugares de instrucción.
Entre fines de la década del 60 y principio de los 70, se finaliza la construcción, oportunidad que resulta propicia para impulsar la conveniencia de crear un elemento eminentemente operacional en Neuquén, por similitud al que disponía la Brigada de Montaña VIII en Puente del Inca.
Tienen activa participación en el proyecto el Coronel Juan Carlos Bellatti y el Coronel Pedro Miguel De Pasquo.
En el año 1968, a raíz de un estudio de límites fronterizos, se visualiza la necesidad de crear una subunidad de esquiadores por similitud a la organizada en la VIIIva Br M, con sector de responsabilidad entre el límite con la provincia de Mendoza y el Paso Tromen.
Las conclusiones elaboradas por Dpto Tpa(s) M del Cpo Ej a cargo del Cnl Juan Carlos Bellatti en junio de 1970, consideraron como la zona más apta para la instalación de la Ca Esq M 6 a la localidad de Copahue, aprovechando la infraestructura de la Clínica Termal Militar existente, y como alternativa el Refugio Militar Primeros Pinos Sur.
El 18 de setiembre de 1975 el Jefe del Dpto Tpa(s) M Cnl Pedro Miguel de Pascuo, propuso formalizar la creación de la Subunidad en dos etapas; inicialmente con un Destacamento con efectivos de una Sección y una segunda etapa de completamiento.
Es así que por decreto del 2 de enero de 1976, se decide la formación del núcleo de la Compañía de Esquiadores, que finalmente se constituye como Subunidad Independiente, el 18 de junio de 1977, llevando la responsabilidad de ser el único elemento de la GUC M con plena capacidad para operar en la montaña nevada y en terrenos de particular dificultad andinística. Su primer Jefe, fue el entonces My Carlos Bertolini.
La existencia de estas tropas estaba a tono con la tendencia de evolución universal de los sistemas de armas, respondiendo su denominación de Cazadores de Montaña, a los antecedentes históricos del Ejército Argentino, donde ya habían existido tropas de igual cuño.
En 1984 se iniciaron regularmente los cursos de Cazadores de Montaña dictados por la Ec Mil M.
Nuevos conceptos de empleo y el asimilar la lección de Malvinas, llevaron al Ejército a iniciar un proceso de adaptación a las exigencias de fin de siglo. Así entonces con la intención de reconocer la elevada especialización de las fracciones que se emplearían en el combate en montaña, e inspirado en las tropas de vanguardia que acompañaron al Grl San Martín en el cruce de los Andes al mando del Tcnl Rudecindo Alvarado, con fecha 01 de enero de 1986, la Subunidad adoptó una nueva orgánica y una nueva denominación, desde allí será la Compañía de Cazadores de Montaña 6.
Durante los años 1987 y 1988, se experimentaron organizaciones tentativas y en Set 88, el Cdo Cpo Ej IV elevó una propuesta para la Ca Caz M 6.
En 1991, por resolución del JEMGE y en el marco de la racionalización y redimensionamiento de la Fuerza, la subunidad reducida a núcleo, continuó con el cumplimiento de la misión.
A partir de 1993, fue remontada de acuerdo a su nuevo cuadro de organización.
Como Subunidad Independiente con capacitación especial se prepara para el cumplimiento de su misión operacional y simultáneamente constituye un Centro de Instrucción para la impartición de la enseñanza referida a las Operaciones de Cazadores y técnicas básicas de andinismo y esquí, contribuyendo tanto a la formación como a la capacitación de los montañeses.
Principales actividades realizadas por la Subunidad:
-Planeamiento y ejecución de empresas andinísticas al Cerro Aconcagua.
-Ejecución de escaladas por nuevas rutas con exigencias técnicas en la pared sur del volcán Lanín (año 1992) y posterior trámite de su equivalencia.
-Planeamiento y ejecución anual de las siguientes actividades de educación para la Br M VI:
- Cursillo de Adaptación a la Montaña Estival (CAME).
- Competencia Andina Estival (CAE).
- Cursillo de Adaptación a la Montaña Invernal (CAMI).
- Centro de Instrucción de Esquí de la GUC (CIE).
 Participación en las Competencias Andinas Invernales (CAI), habiendo obtenido el primer puesto en el año 1993.
Sin perjuicio de su actividad específica, cumple en su nivel, con una de las misiones subsidiarias del Ejército desarrollando las siguientes tareas:
-Dictado de cursillo de supervivencia y otros para organismos oficiales que trabajan con personal en condiciones de aislamiento.
-Desarrollo de cursillos de vida en la naturaleza para escolares de distintos niveles y entidades de bien público.
- Apoyo a entidades y clubes que fomentan los deportes en montaña tanto estivales como invernales.
- Convenios con organismos oficiales para la reforestación y el mantenimiento del equilibrio ecológico de la zona.
- Ejecución de rescates. Al respecto cabe destacar el realizado en setiembre de 1993 que permitió poner a salvo un contingente de 60 personas aislado por un temporal de viento blanco en la zona de La Atravesada mediante el empleo de técnicas específicas, como la construcción de camillas con esquíes, carga de niños en mochilas y uso de vehículos de nieve.
A pesar de su breve historia, acciones de integración como las enumeradas han permitido a la Subunidad ganarse el reconocimiento tanto de los cuadros que transitaron por ella, como de la comunidad que habita en sus alrededores.
El cazador de montaña no se identifica con una habilidad técnica o con una capacitación adquirida, sino que constituye una tropa organizada, equipada e instruída para operar en ambiente de montaña, de un modo que otras no pueden hacerlo.
Su misión tiende al desarrollo de todo tipo de operaciones militares con capacidad de explotar las vías de mayor dificultad andinística y esquística para actuar allí, donde sólo el cazador se atreve.
Constituyen la culminación del perfeccionamiento andino, que se refleja en su escudo distintivo y que estimula el orgullo de pertenencia a las Tropas de Montaña.
Mediante el desarrollo de operaciones y procedimientos de combate sus hombres están en condiciones de actuar bajo la presión que impone el medio, encontrando en él un aliado, para ejecutar infiltraciones, incursiones, golpes de mano, emboscadas, bloqueo de vías de comunicación y otros requerimientos que conlleven a la libertad de acción de su comando.
Para ello sus integrantes desde 1984 deben cumplir las exigencias del Curso de Cazadores que dicta la Escuela Militar de Montaña, Instituto al que la une un espíritu y una trayectoria comunes.
En 1992 los cazadores son categorizados como Tropas de Operaciones Especiales, editándose en 1994 el Reglamento de Instrucción de Cazadores de Montaña.
Durante 1997 se elabora un nuevo Cuadro de Organización y el Reglamento de Conducción de la Subunidad de Cazadores, que se experimenta durante 1998, incluyendo la ejecución de un primer ejercicio aeromóvil dentro del marco de una operación de la GUC M.
Su rica historia se nutre de innumerables actividades destacándose la participación en la movilización de 1978, las ascensiones por diferentes rutas a todos los cerros de la región, las competencias militares de esquí, la impartición de cursos de andinismo, esquí, supervivencia y combate en montaña para personal de cuadros, tropas e instituciones educativas y deportivas de la región.
Asimismo ha colaborado en variados rescates en la zona de La Atravesada y contribuido a la preservación del medio ambiente reforestando anualmente vastos sectores del campo de guarnición.
Sus hombres efectuaron importantes aportes al ser seleccionados para participar de la actividad antártica, como así también en variadas misiones de Naciones Unidas.
Vale mencionar que el servicio militar voluntario ha otorgado la posibilidad de que los soldados cumplan las exigencias para obtener el Cóndor Plateado. Aptitud que hoy tienen un importante número de ellos, resaltando el compromiso de los cazadores con la montaña.
Parte integrante de la Brigada de Montaña VI, heredera de las campañas que aseguraron el patrimonio geográfico de la Patria, la Compañía se eleva orgullosa de su misión, fiel a su pasado y centrada en su futuro, desafiante a los vientos, allí adelante, "Dónde nadie se atreve".
Disposición legal que dió al uso del distintivo de "Cazador de Montaña"
Por Boletín Público de Ejército Nro 4573, el señor JEMGE aprobó el uso del Distintivo de Cazador de Montaña para el personal que posea esta capacitación especial.